La obra y la Leyenda

 

Después de estudios de medicina, Michel LEVY que conoce bien la anatomía, decide dedicarse a la escultura para desnudar, al mismo tiempo que el cuerpo, el alma humana. Construye todo un mundo onírico, dónde se bordean mujeres al cuerpo de diosa y de los enanos minusválidos. Pero más allá del rasgón simple entre la belleza y la fealdad, el bien y el mal, toda serie de símbolos religiosos o míticos vienen para anudarse, consagrándose a su obra una profundidad y una riqueza inigualables.

 

La obra de Michel LEVY nos invita al descubrimiento de un mundo sagrado que se inspira, a través de su serie de “vanidades”, preceptos enunciados por el Eclesiastés. ” Vanidad de las vanidades, decir el Eclesiastés, vanidad de las vanidades, y todo es vanidad. ¿ Que retira más del hombre de todo el trabajo en cuál se consume bajo el sol? Una generación pasa, una generación viene pero la tierra queda siempre la misma “.  Poca importancia tiene la riqueza y el poder, la belleza narcisista que una mujer lleva a su cuerpo. ¿ En cuanto la muerte pasa, cuanto se queda de todos estos seres? ¿ Qué queda a Job cuando todo su mundo se derrumba alrededor de él? ¿ Qué le queda al Hombre cuando éste no más para haber sido muy amigo que esta tierra que lo devuelve a su dolorosa y perecedera condición? Sólo la idea de la obra que hay que cumplir domina la vida del artista. Porque cuando el hombre no es más, sólo la obra de arte subsiste como el testimonio más bello de una vida vivida.  ” ¡ Yo! ¡ Yo! ¡ Qué me soy dicho Mago o Ángel, dispensado de toda moral, soy devuelto al suelo, con un deber de buscar, y la realidad rugosa que hay que estrechar! ” ‘ exclamaba Rimbaud.  Precisamente es la realidad que incumbe al artista de coger y de metamorfosear. Todo el trabajo de LEVY reposa en una magia sagrada, los diferentes estadios del nacimiento de una escultura evocan, de modo alegórico, la creación del mundo.  La tierra, el agua, el fuego y el aire son los cuatro elementos esenciales en el trabajo del escultor, por los cuales llega a dar vida a estos seres  enredados en el zócalo de su Vanidad de la belleza.  Lodo, liquen, raíces vegetales que vienen para enrollarse sobre una columna y para confundirse con la cabellera de una diosa al cuerpo deslumbrante. Enanos monstruosos posados en zancos que intentan vanamente reunir un mundo de luz por el que han sido desterrados.  La obra de LEVY oscila entre la materia sórdida y la belleza inteligible, sabiendo que la última fealdad puede encontrar gracias a los ojos de su creador y que la mujer depravada también puede descender de su pedestal.  Nada jamás es adquirido al hombre, todo en devenir perpetuo. Las esculturas de Michel LEVY nos cuentan la historia de una colecta. Si se habló a menudo de dualidad a propósito de su obra, es sin duda porque LEVY fue a la investigación de la unidad original, precisamente intentando conciliar los diferentes aspectos de la naturaleza humana.

¡ Costosa y tierna dualidad del ser humano, rasgón singular qué empuja serlo hacia sus orígenes primitivos! El Ángel de LEVY cayó sobre el suelo, magullado por los évanescences de la polución que un enano intenta protegerse con una máscara antigás. Es decaído. Es bajo aquí que LEVY creado su maravilloso Maternidad. ¡ O sublime y humanidad frágil!…

Anne-Julie BEMONT

Universo de las Artes   (Univers des Arts)