Artículo aparecido en La República – el 27 de marzo de 2006

Ambas pasiones de Michel Lévy

Por Michel Prigent

 

El escultor Michel Lévy, el autor de Héloïse y Abélard, las estatuas monumentales de la mediateca de Melun, expone al Espacio de San Juan de la ciudad. Inspirado por Oriente, dónde vivió, por la Biblia que está en su cultura, y marcado por la medicina, que abandonó para el arte, el hombre nos entrega un espíritu que borbollea y una lección de humanidad.

Era en 1993. La última exposición de Michel Lévy al Espacio de San Juan. Después, sus esculturas dieron la vuelta al mundo, pasando por Londres, Washington e Italia.  Y luego, en 2004, hablamos mucho del artista en Melun, en el momento de la inauguración de la mediateca. Y con razón, las dos grandes esculturas de bronce que acogen a los visitadores, Héloïse y Abélard, son sus obras.

A Michel Lévy, como todos los grandes escultores, le gustan los grandes espacios y los volúmenes imponentes. Una escultura monumental, esto no le da miedo. A prueba, sus talleres son a la talla de sus obras, permitiéndole así poder expresarse al diario en su campaña briarde en Francia. Estas esculturas, en su contexto, en el lugar de su creación, se leen todavía mejor. El taller de Michel Lévy, es un poco como un teatro en el cual una ópera se puede crear y florecer.

El escultor está en el junquillo, pone a punto su partición, rodeado de sus bosquejos, esbozos, tierras crudas o cocidas. Allí, es inspirado. Se acuerda posiblemente de su infancia argelina, de su pasión que sube a la infancia de fabricar siempre objetos. Es bien esto por otra parte, qué lo llevará a la escultura llegando a París!

Y luego, hay esta curiosidad de la viviente, pequeños animales. Los lagartos, los saltamontes, los insectos, con los cuales, en Argelia de sus diez años, se entra extasiado. Pero, esta observación no está perdida, lo llevará a la segunda pasión de su vida: la medicina. Por otra parte, en 26 años, es dicho: tiene éxito el examen del bachillerato y entra en la facultad de medicina siguiendo las clases nocturnas.

Desde entonces, llega la síntesis de sus dos amores: se vuelve el especialista de las articulaciones al hospital de Limeil-Brévannes al servicio de geriatría. Allí es dónde se da cuenta del sufrimiento del hombre y dónde encuentra el desamparo. Allí es dónde así que se descubre pacientes que se echan a crear recobran su dignidad, su identidad. “Descubrieron que todavía sabían hacer algo. Y hasta continuaban viviendo para el grupo a través de sus obras cuando morirían”.

La experiencia es fuerte. Tan fuerte como la elección es hecha. Michel Lévy no será médico. Es por la escultura que cuidará, pero el espíritu solamente. Abandona entonces sus proyectos de cirugía plástica. Una aflicción verdadera para este artista sensible. Sensible, ciertamente. Posiblemente hasta despellejado vivo en ciertos casos. Así es como algunos de sus personajes esculpidos son representados.

“Es para penetrar mejor su mundo interior” afirma mostrando a uno de sus enanos gesticulantes e indispuestos, llevando simbólicamente todo el peso de la condición triste y humana. Raptada la piel finalmente es un personaje quien se puede descubrir.  Las velas, no lo necesita tampoco para dar a soñar delante de sus academias. Desnudos perfectos con los cuales tomó un poco de distancia para no caer en un estetismo que sería sólo debilidad de artista.

La vía nueva pedida prestado por Michel Lévy es más audaz de otro modo. Con gallinas gigantes remolcadas por enanos, nos lanza a la cara que perdimos el sentido del sagrado. Olvidamos también que estos animales, para la base del consumo más grande de proteínas para el hombre, también eran vivos. Entonces, Michel Lévy tiene ganas de hacernos abrir los ojos sobre la gente que nos rodea. ¿El hombre no se haría un enano, una viviente en el olvido de sus propias indicaciones?

Pero, hay también una esperanza y los niños inspiran en lo sucesivo al escultor. Los niños de la Shoah, en una obra notable y poderosa, y sus propios niños que le muestran al diario que en la división nace la vida.

Entonces Michel Lévy, que desconfía a razón del estetismo para el estetismo, hoy ascendió la reflexión al mismo nivel que su inspiración, todo servido por una técnica vuelta maravillosamente evidente.

¡Admire el resultado!

 

Espacio  de San Juan

Del 25 de marzo al 3 de junio de 2006

Plaza de San Juan – 77000  Melun